Voces Recobradas. Revista de Historia Oral/44 (12/2024)
ISSN 1515 - 1573 | RNPI 5229484
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Voces del Hospital Borda
Entre la normalización del trato, el estigma y la
discriminación de los pacientes psiquiátricos
Adriana Echezuri - Silvana Luverá
Investigadoras y docentes
Dirección General Patrimonio, Museos y Casco Histórico- CABA.
Instituto Superior del Profesorado “Dr. Joaquín V. González” – CABA.
Asociación de Historia Oral de la República Argentina AHORA.
Red Latinoamericana de Historia Oral - RELAHO
Email: adechezuri@gmail.com - siluvera@gmail.com
Hospital José T.
Borda. CABA.
Palabras
claves:
Hospital
Borda-
Estigma
Discriminación- Salud Mental- Psiquiátrico.
Resumen: Voces del Hospital Borda. Entre la normalización del trato, el estigma y la discriminación de los
pacientes psiquiátricos
Las personas que padecen enfermedades mentales enfrentan el estigma social relacionado con la "locura", lo
que fomenta su segregación y exclusión. Para comprender mejor este fenómeno, hemos realizado talleres y
entrevistas con el personal del Hospital Psiquiátrico José Tiburcio Borda, el primer hospital del país
especializado en salud mental. Nuestro objetivo fue reconstruir, a través de las experiencias de aquellos que han
Voces de Buenos Aires
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transitado por sus instalaciones, cómo influyeron factores como los tabúes, las creencias erróneas, los mitos y
los paradigmas predominantes en la creación de este estigma, cuya consecuencia primera fue la normalización
del trato al que fueron sometidos los pacientes en décadas pasadas, y aunque el trato institucional ha
evolucionado favorablemente, el estigma y discriminación siguen vigentes.
Keywords: Borda Hospital - Stigma - Discrimination - Mental Health - Psychiatric.
Abstract: Voices from the Borda Hospital.Between the normalization of treatment, stigma and discrimination
of psychiatric patients.
People suffering from mental illness face the social stigma associated with "madness," which fosters their
segregation and exclusion. To better understand this phenomenon, we have conducted workshops and interviews
with the staff of the José Tiburcio Borda Psychiatric Hospital, the first hospital in the country specializing in
mental health. Our objective was to reconstruct, through the experiences of those who have passed through its
facilities, how factors such as taboos, erroneous beliefs, myths and predominant paradigms influenced the
creation of this stigma, the first consequence of which was the normalization of the treatment to which patients
were subjected in past decades, and although institutional treatment has evolved favorably, stigma and
discrimination remain in force.
Palavras-chave: Hospital Borda - Estigma - Discriminação - Saúde Mental - Psiquiátrica.
Resumo: Vozes do Hospital Borda. Entre a normalização do tratamento, o estigma e a discriminação dos
pacientes psiquiátricos.
As pessoas que sofrem de doenças mentais enfrentam o estigma social relacionado com a “loucura”, o que
incentiva a sua segregação e exclusão. Para melhor compreender esse fenômeno, realizamos oficinas e
entrevistas com funcionários do Hospital Psiquiátrico José Tiburcio Borda, primeiro hospital do país
especializado em saúde mental. Nosso objetivo foi reconstruir, por meio das experiências de quem passou por
suas instalações, como fatores como tabus, crenças errôneas, mitos e paradigmas predominantes influenciaram
a criação desse estigma, cuja primeira consequência foi a normalização do tratamento para a que os pacientes
foram submetidos nas últimas décadas e, embora o tratamento institucional tenha evoluído favoravelmente, o
estigma e a discriminação continuam vigentes.
Introducción
En noviembre de 2010, se sancionó en la República Argentina la ley 26657 de Derecho a la Protección
de la Salud Mental, reglamentada bajo decreto 603/2013. Dicha ley prioriza el respeto y promueve la dignidad
de toda persona con padecimientos mentales.
Artículo 3°. En el marco de la presente ley se reconoce a la salud mental como un proceso
determinado por componentes históricos, socio-económicos, culturales, biológicos y psicológicos,
cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la
concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona (…). (Ley 26657. Capítulo 2.
Definición).
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Las personas que padecen algún tipo de enfermedad mental sufren el estigma social que pesa sobre la locura, y
que incita a la segregación y la exclusión de quienes la sufren.
Esta ley significa sin dudas un cambio de paradigma, ya que se dejó de entender a las personas con
padecimientos mentales como objeto de asistencia, para considerarlas sujetos de derecho.
Entonces dentro de esas leyes nosotros queríamos sacar el prejuicio de la población con respecto
a la enfermedad mental, que la gente no le tema al enfermo mental sino todo lo contrario considere
sus derechos como los mismos de las personas normales, uno de los grandes logros de la ley 448
y la 26657 es que son Sujetos de Derecho, (…) tienen que ser Sujetos de Derecho y eso lo debe
comprender la población. (Dr. L. Mastandrea, 4-12-2018)
Si bien en la actualidad la norma nacional y otras internacionales han permitido mejorar la situación, no han
logrado superar el estigma social que gira alrededor de la locura.
El sociólogo norteamericano Erving Goffman define el estigma social como un atributo desacreditador dentro
de una interacción social, es decir, como el rechazo social por características o creencias que van en contra de
las normas culturales establecidas. De este atributo puede desprenderse una conducta discriminatoria. Así, la
discriminación se da cuando los individuos o las instituciones privan injustamente a otros de sus derechos y
oportunidades debido a la etiqueta que impone un estigma. (Goffman, 2006)
Desde la Gerencia Patrimonio (Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires) hemos
realizado talleres y entrevistas con personal del hospital psiquiátrico José Tiburcio Borda, primer hospital del
país dedicado a la salud mental, con el propósito de reconstruir a partir de las voces de quienes transitan o
transitaron diariamente por sus instalaciones, cómo influyeron el tabú, las creencias erróneas, los mitos, los
paradigmas existentes, en la conformación del estigma contra la locura, cuya consecuencia primera fue la
normalización del trato al que fueron sometidos los pacientes en décadas pasadas, y aunque el trato institucional
ha evolucionado favorablemente, el estigma y discriminación siguen vigentes.
Entendemos que resulta decisivo promover la visibilización de estos temas, para crear concientización en una
búsqueda por la superación de la discriminación hacia la locura.
Estigma y discriminación
Como hemos adelantado, Erving Goffman define el estigma social como un atributo desacreditador
dentro de una interacción social, es decir, como el rechazo social por características o creencias que van en
contra de las normas culturales establecidas. Cuando dentro de la interacción los atributos propios del individuo
dejan de satisfacer las expectativas sociales, éste pasa a ser percibido como un individuo cuestionado,
disminuido en su valor social.
La sociedad establece los medios para categorizar a las personas y el complemento de atributos
que se perciben como corrientes y naturales en los miembros de cada una de esas categorías. El
medio social establece las categorías de personas que en él se pueden encontrar. (…) Mientras el
extraño está presente ante nosotros puede mostrar ser dueño de un atributo que lo vuelve diferente
de los demás (dentro de la categoría de personas a la que él tiene acceso) y lo convierte en alguien
menos apetecible en casos extremos en una persona casi enteramente malvada, peligrosa o débil-
. De ese modo, dejamos de verlo como una persona total y corriente para reducirlo a un ser
inficionado y menospreciado. Un atributo de esa naturaleza es un estigma, en especial cuando él
produce en los demás, a modo de efecto, un descrédito amplio; a veces recibe también el nombre
de defecto, falla o desventaja (Goffman, 2006, pp.11-12).
Goffman distingue tres tipos de estigmas: el tribal refiere a raza, nación y religión-; diferencias corporales
como la obesidad-; y el de debilidades caracterológicas, como sucede en el caso de trastornos mentales,
encarcelamiento, adicciones, homosexualidad, etc.
De esta actitud o creencia que significa el estigma, puede desprenderse una conducta discriminatoria. Así, la
discriminación se da cuando los individuos o las instituciones privan injustamente a otros de sus derechos y
oportunidades debido a la etiqueta que impone un estigma.
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Son bien conocidas las actitudes que nosotros, los normales, adoptamos hacia una persona que
posee un estigma, y las medidas que tomamos respecto de ella, ya que son precisamente estas
respuestas las que la benevolente acción social intenta suavizar y mejorar. Creemos, por definición,
desde luego, que la persona que tiene un estigma no es totalmente humana. Valiéndonos de este
supuesto practicamos diversos tipos de discriminación, mediante la cual reducimos en la práctica,
aunque a menudo sin pensarlo, sus posibilidades de vida (Goffman, 2006, p.15).
El interés por profundizar en la historia del hospital monovalente J.T. Borda, a través de la historia oral, surge
de la necesidad de reconstruir las memorias de aquellos que han estado vinculados con la institución, antes,
durante y después del proceso de desmanicomialización comenzado en los años 60.
Chaleco de fuerza.
Museo del Hospital Borda.
Antecedentes históricos necesarios
Partimos de la idea que la constitución de los estados y las políticas públicas son las que determinan los
modelos de salud en general y de salud mental en particular, en este sentido hay dos momentos fundamentales
en la historia de la psiquiatría y la salud mental, vinculados a ellos, que son la Revolución Francesa y la Segunda
Guerra Mundial.
Por un lado, la Revolución Francesa, inicio de los Estados Modernos, significó un punto de inflexión para la
medicina, ya que surge allí la medicina mental, como rama de la medicina tradicional. A partir de aquí los locos
o alienados pasaron a ser enfermos, siendo objetos de estudio, de investigación y tratamiento de la ciencia
médica. Lo que antes era tratado desde diferentes creencias, dio paso al razonamiento iluminista. La situación
previa a la revolución provocó una caída en el aparato productivo, miles de personas fueron expulsadas del
campo a las ciudades donde reinaban hambrunas y desocupación. Una vez instalada la Revolución, el enorme
grupo de marginados, provocó una tensión entre la libertad del ciudadano (proclamada por la burguesía), y la
seguridad de la sociedad burguesa.
Así las grandes masas de excluidos fueron desterradas en las instituciones de asilo. Gracias a la intervención del
médico humanista y revolucionario Philippe Pinel, se categoriza y diferencia a los locos o alienados del resto.
De esta forma los locos pasan a ser enfermos y a recibir un tratamiento médico encuadrado en la custodia que
garantiza el asilo, dando lugar al nacimiento de la psiquiatría como especialidad médica.
En el asilo será el médico quién ejerce el poder sobre el comportamiento del paciente, y el encierro será
justificado en función de la seguridad pública, cumpliendo el Estado su función de proteger el orden público.
Será recién en el siglo XX cuando el Higienismo Mental, comience a criticar este sistema manicomial y su
modelo asilar. El nuevo modelo del Higienismo Mental, prioriza las condiciones ambientales de la enfermedad,
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buscando las relaciones existentes entre el organismo y su medio natural, admite que hay diferentes niveles de
enfermedad, por tanto, no todos los individuos deben tratarse de la misma manera, las afecciones menores
podrán ser tratadas de forma ambulatoria.
Por su parte, tras la Segunda Guerra Mundial, se produce un momento de apogeo y reconocimiento de los
derechos humanos en un contexto de surgimiento de los Estados de Bienestar (entendido como una serie de
disposiciones legales que proporcionan derechos a los ciudadanos a recibir prestaciones de seguridad social
obligatoria y a contar con servicios estatales organizados en salud, educación, trabajo, etc.).
La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió que “La salud es un estado de completo bienestar físico,
mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”, lo que deja ver que la salud se la
empieza a pensar contextualizada en sus aspectos sociales, políticos y económicos. Se inicia el pasaje de la
psiquiatría positivista a la idea de Salud Mental, que incluye la integración de experiencias psicosociales y
comunitarias. En 1953, la OMS recomendó a todos los hospitales psiquiátricos en comunidades terapéuticas de
acuerdo al modelo de Inglaterra.
La comunidad terapéutica nació después de la Segunda Guerra, con el fin de atender a prisioneros torturados y
personas que sufrieron tratos degradantes durante la guerra, durante la década del 50 tuvieron un gran desarrollo,
pero hacía los años 60 fueron blanco de fuertes críticas pues continuaban utilizando el sistema de internación.
A partir de aquí comenzará un reordenamiento en la cuestión de la salud mental. En Francia una reforma
sanitaria permite que los internos participen en la decisión de alternativas para sus tratamientos. En Italia se
instalan nuevas comunidades terapéuticas, para después culminar con el cierre del Hospital de Trieste y la ley
de salud mental en 1978 (Ley conocida como ley Basaglia, que tiene por finalidad crear un servicio comunitario
descentralizado y el desmantelamiento progresivo de los hospitales psiquiátricos. La reforma concluyó en 1998).
En España el proceso se inicia en la década de 1980.
En el caso argentino, el proceso de reforma se fue dando gradualmente, en consonancia con los hechos que se
daban en Europa (Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, 2022).
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Pasillo del hospital.
Hospital José Tiburcio Borda
El Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José Tiburcio Borda es un hospital psiquiátrico de la
Ciudad de Buenos Aires, que ha sido una de las principales instituciones dedicadas a la salud mental en la
República Argentina, así como un importante centro de investigaciones en neurobiología, psicopatología y
relaciones psiquismo-cerebro.
Fue inaugurado en 1863 como la Casa de Dementes bajo el nombre de “Hospicio de San Buenaventura” en
homenaje al Dr. Ventura Bosch, quien trabajó arduamente por la construcción del lugar.
Por su dirección pasaron diferentes profesionales, y cada uno de ellos dejó su impronta. Por ejemplo, el Dr. José
María de Uriarte, primer alienista del Río de la Plata, dirigió el hospital durante 12 años, hasta el momento de
su muerte, “conocedor de las modernas escuelas psiquiátricas [...] implantó en el hospicio el tratamiento médico
moral y ocupó a los pacientes en trabajos de jardinería en los terrenos del Hospicio, del Hospital Rawson y en
plazas públicas, como recurso terapeútico” (Volmer, 2010, p.42).
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Pacientes trabajando en los jardines.
En 1873 el establecimiento pasó a denominarse Hospicio de las Mercedes, en honor a la Virgen de la Merced.
Bajo la dirección del Dr. Lucio Meléndez, la municipalidad aprueba la construcción de nuevos edificios dentro
del predio, dada la necesidad de ampliación. Al terminar la ampliación (1887) la capacidad del hospicio era de
300 pacientes.
Convencido de la eficacia de la música en el tratamiento de la patología mental Meléndez propone la creación
de una orquesta de pacientes, adelantándose en muchos años a la implementación de la Musicoterapia.
En 1892 asume la dirección Domingo Cabred. Durante su larga gestión se hacen muchas modificaciones en el
Hospicio, que lo proyectan como una institución modelo a nivel mundial. No solo por las ampliaciones edilicias,
sino por las nuevas concepciones sobre tratamientos de salud mental. En 1904 el Hospicio se nacionalizó con
lo que se transformó en el Hospital Psiquiátrico más importante de la República Argentina. Por problemas de
salud, delega la dirección en 1916. El nuevo director es José Tiburcio Borda, el colaborador más fiel de Cabred.
A partir de su ingreso, viviría toda su vida en el hospicio. Realizó una clasificación de las enfermedades
mentales, que presentó en el 2do. Congreso Nacional de Medicina en 1922, que fue adoptada por la mayoría de
los países de Sudamérica.
A medida que avanza el siglo se van incorporando nuevos conocimientos y nuevas tecnologías. En la década de
1950 aparecieron los primeros psicofármacos, y a partir de esto el panorama de la Psiquiatría y de la Neurología
cambió. Comenzaron a existir medicamentos efectivos para tratar los cuadros psicóticos, los bipolares, las
epilepsias, las depresiones. Los pacientes ya no requerían internaciones prolongadas y en su mayoría podían
restituirse a sus domicilios con notables mejoras.
Pero estos espectaculares avances en el tratamiento de las enfermedades mentales no estuvieron acompañados
de similares avances en el entorno social, por lo que un gran número de pacientes que estaban en condiciones
de reinsertarse en la sociedad no pudieron hacerlo por falta de vivienda, trabajo, contención social y familiar.
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Es decir que su permanencia en la Institución no puede ser atribuible a fallas en los tratamientos, sino a
cuestiones sociales.
Por otra parte, surgieron nuevas patologías psiquiátricas como las causadas por las adicciones o al propio
envejecimiento poblacional (distintos tipos de demencia senil: trastorno neurodegenerativo senil).
Desde sus inicios, esta institución se ha caracterizado por un alto nivel de profesionalismo y acciones
progresistas. Durante la gestión del Dr. Cabred, se inauguró una escuela destinada a formar enfermeros y
asistentes especializados en psiquiatría, con el fin de capacitar al personal encargado del cuidado de los
pacientes. Esta escuela cerró alrededor de 1920 y fue reabierta en 1934; sin embargo, debido a que los títulos
emitidos no eran reconocidos en los nombramientos oficiales, se volvió a cerrar en 1941. En 1973, se retomó la
formación, ofreciendo cursos de Auxiliares de Enfermería y Enfermería Profesional, ambos orientados a la
psiquiatría para cubrir las necesidades de los hospitales psiquiátricos. Sin embargo, en 1989, por decreto
municipal, la capacitación en enfermería se unificó en la Escuela Cecilia Grierson, lo que provocó la suspensión
de dichos cursos.
Otro aspecto relevante es la implementación de la terapia ocupacional para personas con enfermedad mental.
Desde los inicios del Hospicio, se consideró fundamental involucrar a los pacientes en actividades laborales,
especialmente en tareas manuales. A fines del siglo XIX, el Dr. Domingo Cabred valoró el trabajo como un
“elemento esencial en el tratamiento moral impuesto al alienado”, proponiendo que fuera regulado y
remunerado. Logró, entonces, la aprobación del “Reglamento del Trabajo y Peculio de los Alienados del
Hospicio de las Mercedes”. Los pacientes realizaban trabajos de mantenimiento y limpieza, remoción de tierra
y construcción, agricultura, lavandería, zapatería, escobería, herrería y carpintería, entre otros. Los ingresos
generados por su trabajo se acumulaban hasta alcanzar una suma fija, la cual se les entregaba al ser dados de
alta para facilitar su reintegración.
Trabajos en la carpintería.
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Fábrica de escobas.
Pacientes trabajando con mimbre.
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Taller de costura
Revista Ecos de las Mercedes.
Producida en la imprenta del hospital.
En la década del 60, surgió el concepto de Talleres Protegidos para personas con discapacidad en el área de
salud mental, tanto intrahospitalarios como extra hospitalarios, y a partir de 1967 estos talleres pasaron a
depender de la Dirección Nacional de Salud Mental.
También existía “La Cátedra”. Desde 1942, la Cátedra de Psiquiatría de la UBA impartía el Curso Superior de
Médico Psiquiatra. Además de ofrecer una formación de excelencia, a partir de los años 60 se convirtió en una
fuente clave de médicos residentes. Con la implementación de la residencia llegaron otros cambios importantes,
como la inclusión de nuevos profesionales de la salud mental, especialmente psilogos, En 1967, bajo la
dirección del Dr. Sisto, el Consejo Nacional de Residencias dicas estableció la Residencia en el Hospital
Borda, permitiendo que tanto médicos como psicólogos profesión que contaba con una carrera universitaria
desde hacía una década pudieran realizar una formación de posgrado en psiquiatría (Volmer, 2010, p.118).
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En el año 1976 el Hospital Borda es intervenido, suspendiendo el ingreso de psicólogos a la Residencia hasta el
año 1985.
Otras incorporaciones destacadas incluyen la creación de la primera Escuela de Psicoanálisis en un hospital
público, la cual tuvo como antecedente el Servicio “Enrique Pichón-Rivière”, fundado en el Hospital por el
Licenciado Grandinetti en 1984.
Nombres del hospital:
-Inaugurado en 1863, como “Hospicio San Buenaventura”.
-1873. Paso a llamarse Hospicio de las Mercedes.
-1949. Hospital Nacional Neuropsiquiátrico de Hombres.
-1967. Hospital Nacional Neuropsiquiátrico “José T. Borda”.
-1996. Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial “José T. Borda” (transferido a CABA).
Algunas voces del Borda
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Taller de Historia Oral en el museo del hospital Borda.
Las distintas miradas reformistas, con mayor o menor éxito, o con mayor o menor amplitud de
pensamiento, siempre giran en torno al bienestar del paciente.
Caminar por una institución psiquiátrica implica despojarnos de nuestras propias matrices vivenciales, y
empatizar y deconstruir ideas propias y ajenas profundamente instaladas, que tienen que ver con el estigma y la
discriminación de la que hablaba Erving Goffman.
Después de realizar varias entrevistas y talleres con personal y pacientes del hospital Borda, hemos notado cierto
nivel de naturalización en formas del trato hacia los pacientes, pero esta naturalización también iba en sentido
inverso, es decir de los pacientes hacia los profesionales, particularmente con el personal de enfermería.
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José Luis Delorenzo “Pichi”. Enfermero jubilado.
José Luis Delorenzo “Pichi”, fue enfermero del hospital Borda durante 50 años, desde el año 1957 hasta que se
jubiló en el 2007. Recuerda que aquellos primeros momentos no fueron fáciles y lo dice con una frase
contundente: No había fármacos, había chalecos de fuerza. (Taller 1)
Juana fue enfermera durante 28 años en el hospital.
Juana trabadurante 28 años en la institución, cuando ingresó no había mucamas, los ayudantes eran los
mismos pacientes. Nosotros, o sea los enfermeros teníamos que baldear, hacer las camas, higiene y confort,
todo lo que había que hacer en enfermería lo hacía enfermería (...) no había ayuda de nadie, eran los pacientes
[los que prestaban ayuda a enfermería], era dar mucho amor, tratarlos bien entonces ellos ponían todo los suyo
para ayudar al enfermero. (Taller 1).
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Vicente Correa, fue enfermero del hospital Borda.
Vicente Correa, también fue enfermero en el hospital, ingresó en abril de 1953: Cuando entre me llevó, después
que me tomó todos los datos el supervisor me lleva al Servicio (...) me lleva ahí, me presenta al enfermero que
estaba ahí Jorge Porto, una mesita chiquita allá en el rincón y dos sillas, de ahí para allá todos pacientes (...)
en el fondo un pasillito para poder caminar uno, y acá los 4 ayudantes, todavía de 2 o 3 me acuerdo, había uno
que se pegaba la cabeza porque decía que le hacía bien, pero dentro de su locura era ayudante de nosotros,
trabajaba bien (...) y otro [que tenía problemas en un brazo] que lo utilizábamos cuando precisábamos agarrar
un paciente porque era alto, medía 1,90, entonces cuando precisábamos agarrar un paciente, él lo agarraba
con esta mano y lo levantaba para arriba, entonces nosotros le poníamos el chaleco… era una ayuda para
nosotros porque no haa nada en ese entonces. (Taller 1)
Oscar Alberto Ferrara fue paciente del hospital.
Oscar Alberto Ferrara, tiene 60 años. Fue artesano ebanista, en el año 2000 empezó a escuchar voces y esto lo
llevó a vivir en situación de calle por 6 años hasta que llegó al hospital Borda, estuvo internado allí durante un
año, por propia voluntad, ahora sigue su tratamiento de forma ambulatoria. Oscar nos cuenta su sentir sobre
estar internado: El encierro era bastante problemático ¿no?, porque parece que es simple que uno está en una
habitación, tiene un parque, pero la situación de encierro es una situación que hay que llevar eh, más los fines
de semana que el hospital queda desierto, no hay nadie, está solamente la médica de guardia (…). El tema de
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la internación es un tema bravo porque a uno le deja una huella (…) más allá de que uno pueda haber hecho
alguna amistad, en algún momento del día acercarse a tomar mate con otro paciente y así se va haciendo una
amistad, sino las personas viven cada uno en su lugar, cuando llegan las 10 de la noche se apaga la luz, a la 7
de la mañana se prende, entonces cada uno hace su vida en forma autónoma, y eso deja huellas, y después de
volver a la vida social.
La reinserción en la vida social resulta extremadamente dura para los externados, no sólo tienen que lidiar con
los estigmas sociales sino volver a enfrentarse a las rutinas diarias, así lo relata Oscar: (…) me manejo en forma
autónoma, pero vivir cada a es una aventura, o sea despertarse a la mañana, ponerse a hacer la tarea del
desayuno, son tareas simples no es nada… no es hacer una comida complicada ¿no?, no es un ejercicio muy
complejo, pero es una tarea que es todos los días, la tarea de vivir es todos los días. (…) Yo aparte como en la
década del 90 era artesano, volví a recuperar de nuevo la tarea de hacer los objetos, tuve que aprender de
nuevo, como la carpintería, tuve que aprender de nuevo a ver cómo se hacían las cosas porque me había
olvidado. La discapacidad tiene ese tema que uno es como que se olvida de la vida anterior, y es como que tiene
que volver a recuperarse y empezar todo de nuevo, y bueno en esa tarea estoy.
Tuvimos la oportunidad de entrevistar a Miguel Ángel Quiroga, él desde muy temprana edad pasó por diversas
instituciones de menores y colegios pupilos, hasta que a los 14 años de edad fue derivado al servicio de
adolescentes del hospital Borda, luego pasó por diferentes servicios de mayores, actualmente continúa
internado.
Miguel nos contó sus más de 30 años en el hospital y recordó con particular intensidad sobre cuando estuvo en
el pabellón de castigo, cuando era adolescente: Ahí estuve 15 días, porque me boxié con uno de adolescentes y
entonces el enfermero me convenció y no quise más gresca, y entonces me llevó al pabellón de castigo, porque
le pegué una trompada a un compañero, él me pegó otra y yo se la devolví [se ríe]. Creo que era el turno de las
18 horas, cuando entra el otro enfermero, me llevó ahí ¿cómo era? al pabellón de castigo, servicio 13, y estuve
15 días y después me volví otra vez al servicio. (…) Y yo por ejemplo ingreso y no entendía un corno, yo entré
y lo primero que me hicieron en el pabellón de castigo… discúlpenme si me trabo un poco, puede ser que me
ponga un poco nervioso. (…) Bueno, la cuestión es que me llevaron al pabellón de castigo y lo primero que me
hicieron es inyectarme, nada más, para tranquilizarme. Como estaba medio nervioso me inyectaron y estaba
ahí (…) y estaba todo el día ahí encerrado.
En comparación a los servicios comunes comenta: No, que ahí era como un servicio abierto que vos podías
salir a la calle, va, si te daban permiso podías salir, podías caminar por el parque, en cambio cuando vos
estabas en el servicio de castigo no podías ir a ningún lado, estabas siempre encerrado, no podías hacer nada.
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Miguel Ángel Quiroga. Paciente del hospital.
Osvaldo Abel Sánchez, ingresó al hospital Borda, en el año 1955 siendo estudiante del último año de la carrera
de odontología, años más tarde fue nombrado odontólogo de la institución en la que permaneció hasta su
jubilación. En relación a la contención de los pacientes nos relata que cuando inició su práctica profesional las
instalaciones para odontología eran extremadamente precarias y que la casi única práctica era la exodoncia.
Cuando los pacientes ingresaban al hospital tenían que ser revisados por todas las especialidades médicas,
incluida odontología, esta situación era especialmente crítica para los odontólogos: Los pacientes generalmente
ingresaban con un estado de excitación psicomotriz, con la medicación del momento no había forma de
contenerlos, entonces la contención era física, eso que cuentan y que les voy a contar es verdad, los envolvían
en sábanas mojadas, lo ataban a una cama con una soga y era una semana de hambre y sed hasta que las
fuerzas aminoraban y se los podían abordar. De los cuales jamás pude hacer lo que se llama odontograma que
es transmitir a un papel el estado bucal de una persona ¿Qué le ibas a abrir la boca? ¿Cómo? Imposible. Este
era el tipo de pacientes, entonces cuando había pacientes tremendamente agresivos llegaban a la consulta
odontológica con el chaleco ya puesto, de contención, y con 5 personas que lo contenían. Las piernas, los
brazos, el cuerpo, la cabeza y con un aparato abre bocas con un tornillo, como una morsa al revés que colocado
[en la boca] se atornillaba y abría la boca y se podía abordar y poder drenar un acceso o hacer una extracción
o hacer lo que necesitara esa persona.
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Dr. Osvaldo Abel Sánchez. Odontólogo, actualmente jubilado.
Entendemos que los tratamientos y las formas de contención tenían que ver con los paradigmas propios del
momento y la ausencia de medicación. Por su parte los profesionales de la salud tenían que velar por su propia
seguridad frente a la violencia de los pacientes y enfermedades infecciosas, y si a todo esto le sumamos la
existencia de un penal para delincuentes con enfermedades mentales dentro del predio el resultado es
doblemente estigmatizante.
En relación a enfermedades infecciosas el Dr. Lucio Mastandrea, médico psiquiatra y ex director del hospital
se refiere a un caso ocurrido en el año 1987: Pero sucedió una cuestión novedosa que se llamó el caso “chapita”.
No voy a dar el nombre y el apellido por razones obvias, pero el caso chapito tuvo trascendencia nacional. ¿Por
qué? Por qué se lo diagnóstico con psicopatía, pero además tenía, portaba una enfermedad contagiosa que
por ese momento era lo que se llamaba la peste rosa, es decir todavía no se había determinado el HIV. Bueno,
paciente psicópata con características de elementos antisociales con una enfermedad infecciosa (…) en el
Borda, como no se conocía, no estaba preparada la comunidad hospitalaria para recibir un caso de esa
naturaleza, y al no saber qué prevenciones tomar con la peste rosa en ese momento, todo el hospital se puso en
alerta porque la justicia indicó su internación en el hospital Borda. Este paciente prácticamente amenazaba a
la comunidad hospitalaria, si se cortaba o tenía un poco de sangre andaba esparciendo sangre por algunos
lugares, y tenía un arma fundamental sobre la cual la institución no podía actuar. Entonces la justicia decide
confinarlo en el piso del pabellón central, con una habitación especial donde tenía incluso hasta televisor,
se le daba comida especial, podía recibir visitas, porque la justicia de alguna manera quería que conserváramos
al paciente aquí. Cómo hubo un rechazo general, los enfermeros tenían miedo, los profesionales no sabíamos
cómo actuar con un paciente con tales características, no había un lugar específico para enviarlo, era muy
difícil implementar con él un programa terapéutico, se planteó un paro general, uno de los empleados se subió
a la torre del agua que está en el patio amenazaba con tirarse si no se lo sacaba a “chapita” del hospital, y
el paro general tuvo gran repercusión pública, y fue el primer caso de un cuadro psicopático con HIV, y donde
no había instituciones para tal efecto, para tratarlo como correspondía.
Voces del Hospital Borda. Entre la normalización del trato, el estigma y la discriminación de los pacientes psiquiátricos.
Adriana Echezuri y Silvana Luverá. [3 -26]
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Dr. Lucio Mastandrea, médico psiquiatra y ex director del hospital.
Para fines de los años 50, la situación fue similar, según relata el odontólogo Sánchez: (…) siempre hubo
enfermedades de infecto contagio que fueron el cuco del momento, en ese momento la tuberculosis, por ejemplo,
estos pacientes demostraban su agresión salivándonos en la cara para tratar de infectarnos, hay que ver que,
para muchos pacientes psiquiátricos, ellos tomaban la atención médico odontológica como un acto de agresión.
Como dijimos, la cuestión de la cárcel no daba una visión positiva sobre el lugar. Después de largos 6 años de
lucha por parte de diferentes organismos y de la dirección del hospital, se logque el pabellón Lucio Meléndez
(pabellón de presos) fuera trasladado a la cárcel de la localidad de Ezeiza. El doctor Mastandrea explica la
situación: (…) queríamos proponer sacar las cárceles de las instituciones psiquiátricas, porque esto aumentaba
el prejuicio contra la salud mental. Por ejemplo, cuando hubo el chico este que con un arma mató gente en
Belgrano, como no sabían si era un enfermo mental, porque hay que aplicar el artículo 34 del Código Penal,
si es imputable o es inimputable, de manera que este chico lo primero que dijeron… lo trasladan a la cárcel
del Borda. Teníamos periodistas de todo el mundo ahí en la puerta del Borda filmando, y la gente común cree
que el hospital era un refugio de asesinos (…) entonces la gente toma el prejuicio que en el Borda están los
enfermos mentales peligrosos, asesinos, criminales y cosa por el estilo. Entonces dentro de esas leyes [refiere
a las leyes de salud mental de la Nación y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires] nosotros queríamos sacar
el prejuicio de la población con respecto a la enfermedad mental, que la gente no le tema al enfermo mental
sino todo lo contrario, considere sus derechos como los mismo de las personas normales, uno de los grandes
logros de la ley 448 y la 26657 es que son Sujetos de Derecho (…) tienen que ser Sujetos de Derecho y eso lo
debe comprender la población.
Voces Recobradas. Revista de Historia Oral/44 (12/2024)
ISSN 1515 - 1573 | RNPI 5229484
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Conocer para derribar prejuicios
La salud mental está determinada por la capacidad de cada persona de disponer y/o generar los recursos
subjetivos necesarios para abordar situaciones conflictivas. Cuando esta capacidad se encuentra obstaculizada
o dañada, la persona queda en situación de desamparo psíquico, sin protección ni recursos.
Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), mil millones de personas sufren en el mundo
enfermedades mentales y trastornos neurológicos, y se estima que estos valores aumentarán de manera
considerable en los próximos años.
Así mismo se prevé que una de cada dos personas precisará, en algún momento de su vida, asistencia por algún
tipo de enfermedad mental. A pesar de esta realidad objetiva tanto los pacientes, como sus familias fueron y son
víctimas de la estigmatización social, a raíz de mitos, creencias erróneas, fantasías y tabúes existentes sobre el
tema, que dificultan la integración social y el goce de la capacidad de decisión sobre sus propias vidas.
La estigmatización y discriminación que sufren los pacientes, provienen desde un Estado que se ha encargado
de crear dispositivos de exclusión, que son a su vez, los que incitan prejuicios en la sociedad; promover la
visibilización del lugar físico y las tareas que allí se desarrollan resultan esenciales para evitar o al menos
intentar evitar- que se sigan reproduciendo.
Las entrevistas individuales y los talleres nos proporcionaron un gran cantidad y variedad temática, para este
artículo hemos elegido un recorte que pretende proponer un debate sobre la locura y nuestra posición como
sociedad, pero sin olvidar que más allá de todo lo que queda por modificar, la atención en el hospital Borda,
como la de todos los hospitales psiquiátricos, resultan fundamentales para una enorme parte de la población, y
en este sentido, Oscar fue contundente:
El hospital Borda es una institución que a uno le puede salvar la vida, se puede encontrar contención, más allá
de que se pueda ser una persona solitaria o no, uno encuentra un espacio donde uno se pueda llegar a
recuperar, yo me recuperé.
En la actualidad hay muchas personas que están solicitando una revisión de la ley de salud mental. Esto ocurre
porque hay familias que no se pueden encargar de los cuidados y controles que requieren determinadas
enfermedades, pero también porque se ha sumado un nuevo flagelo en nuestra sociedad, la drogadicción. Los
adictos también necesitan supervisión y cuidados, y no es una situación sencilla para las familias. La negación,
por parte del Estado, a la internación de los adictos hace que aquellos que pueden sostener económicamente un
tratamiento en forma privada se inclinen a hacerlo. Pero, como ocurre en esta y en todas las cuestiones, son
quienes pertenecen a los sectores más desfavorecidos quienes quedan desprotegidos. Por lo tanto, si pensamos
en Derechos Humanos, esta es una situación que no debería pasar desapercibida.
En nuestro país esta problemática se hizo visible por un artista que fue protagonista de varios hechos que se
tornaron mediáticos a causa de sus adicciones. El hecho más grave fue cuando atacó a un policía y este lo baleó.
Una vez recuperado, realizó varias conferencias de prensa en las que se dedicó a hablar de los perjuicios que
causan las adicciones. Pero eso no impidió que volviera a caer en su adicción. Su madre se hizo conocida en los
medios de comunicación, por la lucha que viene llevando para lograr que la ley de salud mental sea modificada.
Entre sus argumentos sostiene que la ley prohibió la creación de instituciones especializadas en salud mental,
ordenó la reestructuración de las existentes y mandó a todos los pacientes psiquiátricos a atenderse en los
hospitales generales. Pero estos últimos no disponen de la infraestructura ni de los profesionales especializados
para atender a este tipo de pacientes. Por supuesto que la ley dispone un aumento de recursos para dichos
hospitales, pero esto nunca se cumplió, según denuncias de diversas entidades médicas.
En síntesis, el Hospital Borda no está ajeno a todas estas realidades. Con cada vez menos presupuesto y con una
ley que lo va desmantelando lentamente, sus profesionales hacen lo que pueden para atender a las necesidades
de la población.
La violación a los derechos de los pacientes sigue existiendo, pero esta vez desde el propio Estado. Y a pesar
del esfuerzo de los profesionales y las familias, el estigma continúa vigente.
Voces del Hospital Borda. Entre la normalización del trato, el estigma y la discriminación de los pacientes psiquiátricos.
Adriana Echezuri y Silvana Luverá. [3 -26]
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Ley Nacional de Salud Mental 26657.
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Departamento de Publicaciones de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos
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-Ministerio de Justicia y Derechos Humanos (2022) “Salud Mental y Derechos Humanos. Curso virtual.
Argentina: Secretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural.
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Entrevistas
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ISSN 1515 - 1573 | RNPI 5229484
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-Osvaldo Abel Sánchez. 85 años. Odontólogo. Realizada por Silvana Luverá, Rodrigo Vázquez y Adriana
Echezuri. 4 de septiembre de 2018.
-Miguel Ángel Quiroga. 58 años. Paciente del Hospital Borda. Realizada por Silvana Luverá, Rodrigo
Vázquez y Adriana Echezuri en el Hospital Borda. 7 de septiembre de 2018.
-Lucio Mastandrea. Mayor de 70 años. Médico psiquiatra. Realizada por Silvana Luverá, Rodrigo Vázquez y
Adriana Echezuri en el Hospital Borda. 4 de diciembre de 2018.
-Oscar Alberto Ferrara. 60 años. Artesano y ex-paciente del Hospital Borda. Realizada por Silvana Luverá,
Rodrigo Vázquez y Adriana Echezuri de manera virtual, por plataforma Zoom. 20 de abril de 2021.
Taller 1 - Participantes: José Luis “Pichi” Delorenzo, Vicente Correa, Juana, Carlos Dellacasa. Realizado por
Silvana Luverá, Rodrigo Vázquez y Adriana Echezuri en el Hospital Borda. 19 de abril de 2018.
Esta obra está sujeta a la Licencia Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional de Creative
Commons. http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/
Fecha de recepción: 19 de marzo.
Fecha de aceptación: 19 de junio.