#YoSoy132. Formando comunidad en un momento de coyuntura.
Juan Andrés Esteva Salaza. [112 -122]
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de nuestra historia, la Expropiaciónn Petrolera, el Vasconcelismo, la lucha por la Autonomía Universitaria, la
insurrección social armada en los años setenta. No olvidamos los procesos estudiantiles, ¡la defensa de los
albergues del Instituto Politécnico Nacional en el 58!, ¡los movimientos estudiantiles de Tlatelolco en el 68¡ y
¡el Jueves de Corpus en el 71. ¡No olvidamos tampoco la Guerra Sucia y sus desaparecidos!, ¡No olvidamos los
presos políticos!, ¡las huelgas universitarias del 86 y del 99!
México, tus hijos te estamos diciendo esto, somos herederos de los fraudes electorales del 88 y del 2006, de las
crisis económicas del 82, del 96 y del 2008, ¡somos herederos del levantamiento armado del zapatismo!, ¡de la
matanza de Acteal!, ¡de los impunes feminicidios en Ciudad Juárez, Chihuahua! y ¡principalmente en el Estado
de México! Hemos de alzar nuestra voz en este momento, ¡Sí!, ¡somos herederos de las represiones en Atencoy
en Oaxaca en el 2006! Sí, compañeros, el Movimiento 132 somos nosotros, somos la demostración de la
indignación y la rabia de los niños muertos en la guardería ABC, ¡somos Wirikuta! ¡Somos Cheran en
Michoacán! , ¡Somos Copala!, ¡somos la indignación ante la brutal fuerza del Estado!, ¡somos la indignación
ante la guerra contra el Narcotrafico y sus más de setenta mil muertos! ¡Toda esta historia somos nosotros!,
¡justicia pedimos!, ¡justicia pedimos!, !porque éste es nuestro movimiento y vamos a luchar por ella hasta que
se haga ¡justicia! ¡Justicia! ¡Justicia.
Toda esta historia hoy la reivindicamos y la revivimos, la revivimos en el vendaval de este movimiento, hoy
decidimos y decimos ser 132, ser historia y ser la conciencia mexicana, !no olvidamos y reiteramos desde
nuestra conciencia!, !hoy y siempre somos 132!.
De esta forma, el movimiento se vio inmerso en una dinámica de reivindicaciones sociales, que se salían de las
demandas originales relacionadas con la Democratización de los Medios, pero al mismo tiempo mantenían el
espíritu de las protestas en la Universidad Iberoamericana, el ideal de Justicia frente a la violencia del Estado,
los estudiantes se asumen como parte de una comunidad que les antecede y determina, se sentían herederos de
una conciencia histórica colectiva que reaccionaba a una seria de oprobios que ya no debían ser tolerados. Se
declararon hijos de las matanzas y represiones estudiantiles, de la guerra sucia, de las crisis económicas y de la
violencia sin sentido; se manifestaron contra la corrupción, la impunidad, la violencia de género; se identificaron
como hijos de un nuevo México que gritaba: ¡nunca más!
“El 132 para mí es un grupo de amigos… encontré gente entrañable, maravillosa, gente súper lista,
comprometida con causas justo en los otros términos, no políticas, no cooptadas, no en los mismos cauces de
siempre, no sólo en términos de lo que encuentres localmente, sino también en lo que encuentras de otras
escuelas, o sea también esa gente es mi amiga y también ahí nos íbamos a morir todos juntos ¿no?, o sea el
punto es que, en términos políticos, la amistad, el compañerismo, la experiencia de vida se volvió política, no
somos un botín, gente que vale la pena, con la que vale la pena morirse, porque el 1° de diciembre estuvimos
muy cerca de eso jajajaja, o sea morirnos ahí juntos, sí, con la que vale la pena morirse” (Entrevista a Israel).
Para los estudiantes de escuelas privadas, en la mayoría de los casos, participar en un movimiento social resultó
una experiencia innovadora:
“Fue un salto al vacío… al momento de entrar fue simple inercia, fue la calentura del momento, fue ver las
convocatorias en Facebook para la marcha de Televisa y decir yo tengo que estar ahí… yo estaba dentro de
una dinámica que no conocía, o sea a diferencia de otras personas que han estado en otros colectivos, en otros
movimientos como el de Sicilia, o en otras luchas y demás, yo nunca lo he vivido, y fue completamente un salto
al vacío que durante el trayecto encuentra su razón de ser, pero en ese momento fue la inercia de ver qué era,
se sentía bien, se sentía que era lo correcto ¿me explico?” (Andrés Torres Checka).
Mientras, los estudiantes de escuelas públicas, acostumbrados a una mayor participación política, miraron con
sorpresa las primeras manifestaciones y con escepticismo sobre los alcances de las mismas: